Si sueles practicar natación constantemente o vas a pasar las vacaciones en la alberca, el impacto del cloro en tu piel es un tema al que debes ponerle atención. La buena noticia es que no tienes que dejar de nadar; solo tienes que seguir al pie de la letra un par de pasos antes y después de sumergirte para evitar que tu piel lo resienta. ¡Toma nota!
¿Qué le pasa a la piel cuando entra en contacto con el cloro?
El cloro es un potente desinfectante indispensable para eliminar bacterias, gérmenes y virus en el agua de las albercas. Sin embargo, al ser un agente oxidante, no discrimina: además de reaccionar con la materia orgánica (como el sudor), barre con los lípidos y aceites naturales que componen la barrera protectora de la piel.
El resultado inmediato suele ser picazón, tirantez, enrojecimiento y resequedad extrema. Estas afecciones impactan con mayor fuerza a las pieles sensibles o con condiciones como dermatitis atópica, e incluso pueden desencadenar brotes por reactividad o irritación.

Cómo evitar los daños del cloro en la piel
Si la natación es parte de tu rutina o si estas vacaciones no vas a salirte de la alberca, protege tu piel antes y después de cada chapuzón con estos consejos:
Aprovecha las regaderas antes de entrar: Las regaderas a la orilla de la alberca no solo sirven por higiene. Al mojarte con agua dulce antes de nadar, tu piel se satura de humedad limpia y absorbe una menor cantidad del agua con cloro de la alberca.

Enjuágate inmediatamente al salir: En cuanto salgas de la alberca, date un baño para retirar de inmediato todos los residuos químicos sobre tu piel. Intenta hacerlo con agua fresca o templada; el agua muy caliente solo resecará aún más.
Aplica un boost de hidratación: Cuidar la barrera cutánea es la prioridad. Al salir de la regadera y con la piel aún ligeramente húmeda para sellar la hidratación, aplica cremas o aceites corporales ricos en nutrientes y activos fortalecedores como ceramidas, ácido hialurónico, manteca de karité o niacinamida.