El ejercicio actúa como retardante natural del envejecimiento, particularmente en la piel. Esto gracias a la producción de colágeno y otras sustancias químicas naturales que favorecen el aspecto del cutis.
¿Cómo el ejercicio beneficia la piel?
Existen diversas reacciones de la piel del rostro a diferentes tipos de actividades físicas. No todas estas son benéficas y, algunas, pueden ser altamente riesgosas. En términos generales, el ejercicio regular promueve la circulación sanguínea, la consecuente transportación de oxígeno y de nutrientes esenciales a las células de la piel.

Esta circulación mejora la regeneración celular, así como la producción de colágeno, que contribuye a tener una apariencia más juvenil y estética. Además, la actividad física reduce el estrés y el cortisol, reduciendo la inflamación de ciertas áreas o previniendo brotes de acné.
Riesgos del ejercicio para la piel
A pesar de los grandes beneficios de practicar ejercicio de manera regular, existen algunos riesgos o efectos secundarios derivados de este tipo de actividades. Algunos de estos incluyen el aumento en el estrés oxidativo, esto es un desequilibrio hormonal que acelera el proceso de envejecimiento.

También, se puede experimentar flacidez prematura e irritación en la piel debido a la exposición solar, si la actividad es al aire libre, así como por el sudor que producimos debido a la deshidratación corporal.
Sudor bueno y sudor malo
La respuesta natural del cuerpo a la actividad física es la regulación térmica mediante la sudoración, es decir, la secreción de un líquido producido por las glándulas sudoríparas como un medio de refrigeración corporal. El sudor contiene toxinas que son eliminadas del cuerpo humano mediante la sudoración, aunque sudar por sí sólo no desintoxica la piel. Particularmente en la piel, el sudor actúa para eliminar grasa, suciedad y otras impurezas que se acumulen en nuestra piel. Esto, junto con la función reguladora, reduce la inflamación e hinchazón del rostro, dándole un aspecto más estético.

No obstante, en algunos casos, el sudor puede crear un entorno propicio para que las bacterias se acumulen y, eventualmente, causen acné, sobre todo si no es retirado oportunamente. Para ello es necesario que después del ejercicio, se tome un baño y se limpie la zona del rostro con una rutina para equilibrar el pH.
El envejecimiento y el ejercicio
La actividad física de alta intensidad y regular puede tener efectos negativos en la flexibilidad y apariencia de la piel, haciéndola flácida. Por otra parte, el ejercicio también puede retrasar los signos del envejecimiento, mediante la activación neuronal, mejorar la circulación y oxigenación, lo que acelera la renovación celular.

Además, el ejercicio puede producir colágeno, responsable de mantener la elasticidad y firmeza de la piel, reduciendo la aparición de líneas de expresión, así como de arrugas en el rostro y piel. Sin embargo, la exposición prolongada a rayos UV, particularmente en disciplinas practicadas al aire libre, puede acelerar el proceso de envejecimiento.

Encontrar un equilibrio entre la actividad física moderada y el cuidado regular de la piel, resulta fundamental para aprovechar los beneficios que el ejercicio trae consigo en el aspecto de nuestro cutis.